¿El bicarbonato cura el cáncer? Una historia común… y un riesgo real
- Dr. Hugo Castro

- hace 6 días
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Hace unos meses, una paciente llegó a consulta después de varias semanas de retraso en iniciar su tratamiento. Tenía un diagnóstico claro, una enfermedad tratable y un plan definido. Sin embargo, decidió esperar. Un familiar le había recomendado tomar bicarbonato de sodio porque “neutraliza la acidez del cáncer”. Lo había visto en internet, en videos, en cadenas de WhatsApp. “Preferí probar algo natural primero”, dijo. Cuando finalmente regresó, la enfermedad ya había avanzado.

Esta historia no es aislada. Es más común de lo que parece.
Hoy en día circula con fuerza la idea de que el bicarbonato de sodio puede curar o prevenir el cáncer. Y es importante decirlo con claridad: esto no es cierto. No hay evidencia científica que respalde esta afirmación, y confiar en ella puede tener consecuencias graves.
El origen de este mito se remonta a teorías promovidas por Tullio Simoncini, quien afirmó que el cáncer era causado por infecciones por hongos, como Candida, y que podía tratarse con bicarbonato. Esta hipótesis fue completamente desacreditada por la comunidad científica. El cáncer no es una infección por hongos; es una enfermedad compleja que surge por alteraciones genéticas en las células, que pierden el control de su crecimiento y se vuelven invasivas.
Es cierto que los tumores pueden generar un ambiente más ácido a su alrededor debido a su metabolismo. También es cierto que, en condiciones de laboratorio, modificar el pH puede afectar el comportamiento de algunas células tumorales. Pero de ahí a pensar que tomar bicarbonato por vía oral puede cambiar el pH de un tumor dentro del cuerpo humano hay un salto enorme, sin respaldo científico. El organismo humano regula el pH de la sangre de manera muy estricta a través de los pulmones y los riñones. Si el bicarbonato realmente lograra alterar ese equilibrio de forma significativa, el resultado no sería una cura, sino un problema médico serio.
Y ese es otro punto clave: el bicarbonato no es inocuo cuando se usa sin control. Su consumo frecuente o en dosis altas puede provocar alcalosis metabólica, alteraciones en los electrolitos, aumento del sodio en la sangre, complicaciones cardíacas en personas vulnerables y descontrol de la presión arterial. Es decir, puede hacer daño.
Pero el mayor riesgo no está solo en sus efectos directos, sino en lo que provoca indirectamente: el retraso en iniciar tratamientos que sí funcionan. El cáncer es una enfermedad en la que el tiempo importa. Existen terapias con evidencia sólida —cirugía, quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia— que han demostrado mejorar la supervivencia y, en muchos casos, curar. Posponer estas opciones por confiar en remedios sin evidencia puede cambiar completamente el pronóstico.

En medicina, una idea puede sonar lógica y aun así ser incorrecta. “Si el tumor es ácido, lo neutralizo con bicarbonato” parece sencillo, pero el cuerpo humano no funciona como un experimento de laboratorio. La biología es mucho más compleja.
Esto no significa ignorar el interés por terapias complementarias o por mejorar el estilo de vida. Alimentación saludable, actividad física y apoyo emocional sí tienen un papel importante en el bienestar del paciente. Pero deben acompañar al tratamiento médico, no sustituirlo.
La información en salud tiene poder. Puede ayudar a tomar decisiones que salvan vidas o, por el contrario, llevar a caminos peligrosos cuando no está basada en evidencia. Por eso es fundamental preguntar, consultar y verificar antes de tomar decisiones importantes.
El mensaje es directo: el bicarbonato no cura el cáncer. Y confiar en él como tratamiento puede costar tiempo valioso, ese tiempo que muchas veces marca la diferencia entre una enfermedad tratable y una enfermedad avanzada.
Cuidarse también es informarse bien.



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