• Dr. Hugo Castro

Alimentación y cáncer (tercera parte)

Los niveles séricos de selenio bajos parecen asociarse al cáncer de colon, recto, pulmón, mama, ovario y las leucemias. Sin embargo, no es aconsejable aumentar su aporte, debido a su toxicidad.

Algunos estudios sugieren que los niveles elevados de zinc se asocian con el cáncer de mama y estómago, mientras que los niveles bajos parecen asociarse al cáncer de esófago y pulmón. Depósitos elevados de hierro en el organismo en el organismo favorecen la aparición de cáncer en los varones.

El déficit de yodo modifica la proporción de carcinomas de tiroides. También se ha relacionado su déficit con el cáncer de mama. Por otro lado, algunas sustancias que pueden actuar como cancerígenos son consumidas a través de los alimentos de forma involuntaria. Es el caso de las aflatoxinas producidas por Aspergillus (un hongo producido en el pan en descomposición), que han demostrado su carácter tumorígeno en experimentación animal.


Hay factores que están siendo objeto de discusión porque los resultados obtenidos son muy dispares. Es lo que ocurre con el consumo de café y edulcorantes artificiales y el desarrollo del cáncer de estómago. Es evidente que en el campo “alimentación y cáncer” queda un largo camino por recorrer, y que es necesario un buen número de investigaciones complementarias para precisar mejor las relaciones posibles entre ambos.

Recomendaciones dietéticas para prevenir el cáncer: 1) Reducir la ingesta de grasa al 30% o menos de las calorías totales, 2) Incrementar la ingesta de fibra hasta 20-30 gramos/día, con un límite superior de 35 gramos, 3) Incluir gran variedad de frutas y verduras en nuestra alimentación diaria, 4) Evitar la obesidad, 5) Reducir el consumo de bebidas alcohólicas, 6) Reducir el consumo de alimentos salados, adobados y ahumados.

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